Tienes un caso que llevas años enseñando. Cada curso has comprado como es debido las copias para tus estudiantes. Ahora existe un software que lo convierte en algo en lo que tus estudiantes pueden entrar y jugar, y el botón de subir está ahí mismo.
Detente antes de pulsar ese botón. Distribuir un caso y transformarlo no son lo mismo, y la mayoría de las licencias solo permiten con claridad lo primero.
Lo que suele darte una licencia de uso docente
Las licencias de casos varían según la editorial, y tienes que leer la tuya. Pero el esquema habitual es un derecho de distribución por copia y por grupo: compras un número de copias para estudiantes y se las das a esa clase, para esa asignatura y ese periodo lectivo. Es un derecho a poner el documento delante de unas personas.
Lo que normalmente no menciona en absoluto es qué pasa cuando tomas ese documento y produces algo nuevo a partir de él, porque cuando se redactaron la mayoría de estas licencias nadie podía hacerlo.
Por qué una simulación es otra cosa
Convertir un caso en una experiencia interactiva suele implicar varias acciones distintas, y cada una conlleva un riesgo diferente:
Subirlo a un tercero
Tu licencia permite distribuirlo a los estudiantes. Una plataforma no es un estudiante. Pregunta adónde va el archivo, quién puede leerlo y si se usa para entrenar algo. Una plataforma que no sabe responder a eso con rapidez ya te está diciendo algo.
Crear una obra derivada
Una simulación construida a partir de un caso es, en términos de derechos de autor, claramente una obra derivada. Los personajes, los hechos, los anexos y la situación proceden del original. Esa es la parte que menos probabilidades tiene de cubrir una licencia de distribución.
Volver a publicarlo
Esta es la línea que de verdad importa. Compartir un enlace jugable con tus treinta estudiantes es, a todas luces, enseñar. Poner ese enlace donde cualquiera pueda llegar a él es publicar, y eso es lo que hará que recibas una carta de una editorial, con bastante razón.
Una regla práctica útil. Una licencia para enseñar no es una licencia para volver a publicar. Si el resultado de la herramienta está al alcance de alguien que nunca tuvo derecho al original, has pasado de lo uno a lo otro, sin importar cómo te vendieran el software.
Qué hacer en la práctica
- Lee la licencia que ya tienes. Algunas tratan expresamente la adaptación y las obras derivadas digitales. Otras no dicen nada, lo cual no equivale a un permiso.
- Pregúntale sin más a la editorial. Es el paso que la gente se salta y, con diferencia, el más eficaz. Las editoriales están definiendo activamente su postura justo sobre esto, y un académico con nombre y apellidos que pregunta por un caso concreto para un grupo concreto suele obtener una respuesta real.
- Pregunta a quien lo escribió. Si el caso lo escribió un colega de tu institución, la conversación es breve y queda en casa.
- Empieza con material que sea totalmente tuyo. Tus propias notas docentes, un escenario interno, una situación de un cliente que tú mismo hayas redactado o un caso que hayas escrito. No necesitas permiso, y es la forma más rápida de averiguar si el formato encaja siquiera con tu manera de enseñar.
- Mantén el resultado dentro del grupo. Con acceso controlado, por tiempo limitado y vinculado al grupo que tiene la licencia del original.
Qué preguntarle a una plataforma
Uses la herramienta que uses, merece la pena plantear estas cuatro preguntas por correo electrónico:
- ¿Dónde se almacena el caso que subo y quién puede acceder a él?
- ¿Se usa algo de lo que subo para entrenar modelos o para crear contenido para otros clientes?
- ¿Puede acceder a la experiencia que creo alguien de fuera de mi clase, y qué lo impide?
- ¿Quién es responsable si una editorial pone objeciones? ¿Y tu contrato hace recaer esa responsabilidad en mí sin decirlo claramente?
Sobre esta última: en la mayoría de las condiciones de los servicios de este tipo eres tú, quien sube el contenido, quien garantiza que tiene los derechos. No es descabellado (eres tú quien sabe para qué tienes licencia), pero conviene que sepas que está ahí en lugar de descubrirlo más tarde.
Nuestra postura
CaseConduit es una herramienta, no una editorial. No alojamos una biblioteca de casos de otras personas ni queremos dedicarnos a licenciar contenido que no hemos escrito. Lo que subes sigue siendo tuyo, se queda en tu cuenta y no se usa para entrenar nada ni para crear material de nadie más.
Te pedimos que confirmes que tienes derecho a usar el material cuando lo subes, y en nuestras condiciones decimos con claridad que una licencia para enseñar no es una licencia para volver a publicar. Es una postura deliberadamente conservadora, y es la que evita que un académico prudente se meta en problemas.
Esto no es asesoramiento jurídico, y las licencias de casos difieren de forma significativa entre editoriales y entre casos concretos. Si de la respuesta dependen dinero de verdad o un grupo real, pregunta a la editorial y a la biblioteca o al servicio jurídico de tu institución: ambos preferirán resolver la duda pronto antes que ocuparse de ella después.
Pruébalo con algo que ya sea tuyo
La forma más rápida de saber si un caso interactivo encaja con tu manera de enseñar es crear uno con material que no plantee ninguna cuestión de derechos. O juega primero un caso de ejemplo completo: gratis, sin subir nada y sin nada que licenciar.
Juega el caso de ejemplo →